EL CIBERESPACIO COMO ESCENARIO DE PARTICIPACION E INTEGRACION SOCIAL PARA SECTORES MARGINALES

INTRODUCCION

La pobreza en nuestro país es sinónimo de exclusión social, en palabras de Estivill esta puede ser entendida como “una acumulación de procesos confluyentes con rupturas sucesivas que, arrancando del corazón de la economía, la política y la sociedad, van alejando e ‘inferiorizando’ a personas, grupos, comunidades y territorios con respecto a los centros de poder, los recursos y los valores dominantes”

Esta discriminación se manifiesta así en los medios de comunicación de masas, en tanto las representaciones que se hacen de estos sectores están muy alejadas de sus verdaderos requerimientos y mas propias del sensacionalismo y la crónica roja, dejando el margen humano solo a algunas notas de corte superficial rescatadas por algún matinal de TV. Dentro de ese contexto de exclusión, es donde surge un sentido de pertenencia e identificación que permite experiencias de superación manifestadas en agrupaciones sociales, culturales y en medios de comunicación comunitarios.

Emisoras de radio y televisión comunitarias son ejemplos emblemáticos de empoderamiento social, la importancia de estos ejemplos de participación ciudadana según Manuel Calvelo, está en que “Una emisora comunitaria refleja a la comunidad en la cual está inserta; los problemas, vivencias y demandas de ésta. En ese sentido, la televisión comunitaria tiene un papel fundamental en reforzar una democracia”. Y es que efectivamente, uno de los roles que cumple este tipo de canales y de medios en general, es representar a la comunidad local, darle identidad y un espacio de opinión. “La gente quiere y tiene derecho a verse en televisión, por eso es importante en la medida que refleja los problemas, las vivencias y las demandas de la comunidad”, explica Calvelo. Los medios de comunicación de masas por cierto, no reflejan así su condición de medios de comunicación social.

Ahora bien, el actual escenario de masificación en el uso de las tecnologías de la información y comunicación, plantean diversas interrogantes relativas al como éstas serán aprovechadas por estos segmentos de la población. Si bien es cierto que su propia condición precaria de recursos limita su acceso a estas nuevas tecnologías, no es menos cierto que comparativamente en relación a las emisoras de radio o TV, sus costos son radicalmente más bajos.

 

LAS TIC EN SECTORES POPULARES: EL DESAFIO PENDIENTE

Nguyen y Alexander afirmaron que, “Los viejos medios de comunicación eran medios unificadores; agrupaban y sostenían a las naciones en un teatro a tiempo real. En el ciberespacio no hay ningún escenario central; a pesar de ser inmenso, el tiempo del ciberespacio es intensamente descentralizador”.

Los medios de comunicación populares surgen como una alternativa comunicacional frente a una poderosa estructura informativa, liderada por organismos privados y en la cual ni siquiera la participación del Estado da garantías de una expresión popular libre de compromisos. Estas iniciativas surgen entonces para dar voz a quienes no tienen cómo expresar su opinión o su posición respecto de las diversas situaciones que ocurren en el país o para manifestar de manera amplia sus necesidades, parafraseando a Cancino en relación a las radios comunitarias, podemos decir de estos medios que: “más que una institución, son espacios abiertos que contribuyen a hacer ciudadanía local, de barrios, de contenido étnico, de intereses que representan las más variadas formas de identidad”.

En síntesis espacios abiertos en donde la cultura local se expresa en tanto representación de la identidad de sus individuos.

Curiosamente lo expuesto anteriormente asemeja a las características atribuidas a las TIC y al ciberespacio. Para Pierre Levy el ciberespacio se entiende como "un espacio metafórico, un espacio de comunicación abierto por la interconexión mundial de los ordenadores". Espacio ocupado evidentemente por individuos que interactúan entre sí y con el ambiente, frente a esto Carlos Araos plantea el concepto de enactividad,  “el sujeto es quien inicia el medio ambiente, y es a la vez modelado por él; estableciéndose así una dimensión relacional entre el yo y el mundo, en la que ambos términos se co-originarían mutuamente: El cuerpo es materializado conforme a un mundo que lo contiene, y el mundo es generado por el comportamiento de los cuerpos que lo habitan.”

El sujeto por tanto forma y a la vez es formado por estos espacios, ahora bien ¿cómo debería entonces el sujeto en situación marginal iniciar estos ambientes?, ¿como podría este individuo enfrentar la creación de espacios representativos?

 

ORGANIZARSE PARA EN-REDARSE

Transitamos de una comunicación centralizada, unidireccional comandada por los mass media, a una nueva revolución de las comunicaciones, multidireccional, plural, horizontal. Una comunicación en donde el contacto se da entre identidades, no existiendo relaciones jerárquicas comúnmente asociada a medios y organizaciones tradicionales. Es en estos contextos en que la comunicación horizontal le da mayor credibilidad y sentido de pertenencia a quienes participan de ella, por cuanto existe una enorme cuota de poder y autonomía en las decisiones, esta nueva comunicación horizontal y descentralizada, que se asoma ante nosotros nos hace replantearnos el paradigma organizativo tradicional de jerarquías, según Marí Sáez “las organizaciones que tienden a concentrar y acaparar la información y la toma de decisiones no tienen sólo que introducir nuevas herramientas comunicativas, sino que es necesario modificar los modelos organizativos”. Sin embargo, “aquellas organizaciones que ya funcionaban desde la lógica de la red han visto como la nueva herramienta de comunicación […] sirve para redimensionar los procesos de cambio en los que se estaba implicado”.

Las organizaciones sociales que se habían dotado de organizaciones flexibles, horizontales, interconectadas con otras, son las que se encuentran en mejor disposición para el aprovechamiento de los nuevos medios, son expresiones de conductas que se dan con anterioridad en el mundo real, encontrando en la Red, un nuevo espacio de integración en la cual se potencian las anteriores cualidades, hablamos nuevamente de un concepto enactivo.

En palabras de Araos, “Los sujetos al interactuar entre sí y con el ambiente, forman una espiral de permutaciones tanto en sí mismos como en el ambiente. En el cual las definiciones del yo estarían allí, por lo tanto tan estrechamente relacionadas con el espacio construido, que modificar el entorno podría requerir alterar la concepción del yo. Y ello es posible gracias a un escenario en donde la gente no se reconoce por su nombre y posición geográfica, sino por un paisaje común de sentido.”

Muchas organizaciones sociales poseen dentro de sí, ese clima de participación horizontal, no obstante es importante además que las comunidades estén organizadas alrededor de procesos sociales o productivos que faciliten los acercamientos a las TIC, integrándolos de manera de ir de una socialización en el plano real, a una socialización en el plano virtual.

Para Bender, las comunidades no están definidas como lugares sino como redes sociales, una definición útil para el estudio de la comunidad en el ciberespacio por dos razones. En primer lugar, se centra en las interacciones que crean comunidades. En segundo lugar, se aleja del lugar. En medios que no sólo transforman el sentido del espacio sino también el sentido del lugar, es necesario descentralizar (aunque no eliminar) la consideración del territorio para permitir la entrada y el análisis de nociones de poder.

Ese paisaje común de sentido esta dado entonces por interacciones de elementos de significado común, al ser la web definida como un espacio integrador e inclusivo, convierte sus propios significantes en elementos que sus usuarios adoptan como constitutivos de esta horizontalidad, es el propio navegante quien adopta una postura abierta e integradora frente a estos espacios.

 

 

 

HACIA UNA CIBERPARTICIPACION E INTEGRACION SOCIAL

“La promesa de un sentido nuevo de comunidad, y en muchos casos, de nuevos tipos y formaciones comunitarias, es un factor crítico de la retórica que envuelve el uso de Internet. Parece que la comunicación mediada por ordenador (CMO) realizará a través de caminos electrónicos lo que las carreteras de cemento fueron incapaces de hacer, a saber, conectarnos más que atomizarnos, situarnos en los controles de un “vehículo” sin desligarnos del resto del mundo”. (Cibersociedad 2.0)

Según Phil Patton, las autopistas: “Han tenido efectos secundarios monstruosos. A menudo han arrollado ciudades, como si fueran versiones gigantescas de las mismas máquinas que las han construido, dividiendo a las comunidades en ghettos, desplazando a la gente y machacando las intimidades de viejas ciudades. Mientras que prometían llevarnos más cerca, las autopistas alimentan de hecho nuestra sensación de separación.” (Cibersociedad 2.0)

Es a mediados del siglo XIX en nuestro país cuando la migración de campesinos hacia las ciudades, marca el nacimiento de sectores marginales dentro de la urbe, sectores caracterizados por carecer de los servicios básicos y para los cuales el Estado hizo oídos sordos durante mucho tiempo incrementando así esta situación precaria. Es en estas circunstancias de exclusión que actualmente las TIC asoman como elementos de participación e integración social, ya que permite a la población exigir y ejercer sus derechos como ciudadanos de un modelo democrático. Raúl Zambrano en su artículo TIC´s, democracia y participación plantea que se trata de una calle de dos vías donde la comunicación y la interacción surgen como elementos claves. Planteándole al ciudadano un rol como ente fiscalizador de los gobiernos en tanto supervisor de prácticas de transparencia, buena gestión, etc. es en este punto agrega, donde las TIC tienen el potencial de producir y reproducir esta información dado sus muy bajos costos, además de crear nuevas redes interactivas de ciudadanos o reforzar aquellas existentes. En un sujeto en condición de exclusión las infinitas posibilidades de expresión que se le presentan asoman como el elemento primordial.

El sujeto marginal del que venimos hablando, abunda entre la precariedad de su entorno en una realidad de la que mayoritariamente no tuvo elección y que le dificulta su inserción en una estructura social para la cual este sujeto es prescindible, es precisamente su condición de exclusión y de marginación social la que lo lleva a desarrollar una identidad solidaria, una identidad comunitaria con sus iguales que han vivenciado similares condiciones de pobreza.

Así este sujeto puede integrarse en estos nuevos ambientes pero no para renunciar a su condición, sino como un medio de expresión multidimensional, tal como plantea Pierre Levy, “La digitalización del cuerpo no es […] una  desencarnación sino una reinvención, una reencarnación, una multiplicación, una vectorización, una heterogénesis de lo humano”.

El sujeto marginal busca ante todo la expresión, dar a conocer su situación precaria, pero también sus anhelos de superación, sus capacidades. El ciberespacio como espacio exocéntrico, permite multiplicar las presencias virtuales y por tanto permite la configuración de múltiples identidades acordes al entorno digital en el cual se desenvuelve, son estas múltiples identidades las que configuraran una red de inclusión e integración, “son representaciones que en ningún caso deben percibirse como inocuas e irreales, ya que siempre son susceptibles de producir efectos que intervienen sobre la realidad y sobre el propio cuerpo”. (Araos)

Ahora bien, ¿estas cualidades son suficientes para integrar a un individuo con un desarrollo cultural y educacional precario? Evidentemente que no, pero el individuo marginal necesita espacios de expresión, participación y elaboración de propuestas, la forma tradicional de socializarse, en donde la presencia corporal del yo era factor inherente constituía muchas veces su principal barrera, gracias a la telepresencia, el sujeto marginal podrá mostrarse al mundo, perderá el miedo a la participación, su situación de exclusión al menos en parte se habrá terminado.

 

 

 

 

CONCLUSIONES

La cibersociedad en la que estamos inmersos está definida como un mundo multidimensional, en donde el individuo se reconoce por medio de sus propias representaciones, imágenes simbólicas definidas como avatares. Como en un gran teatro, el ciberespacio se asoma como un escenario lleno de representaciones, un gran escenario que permite el acercamiento de sectores de la sociedad comúnmente discriminados y estigmatizados.

En el ciberespacio, donde “los lugares no existen” las relaciones sociales se transforman en ese lugar, la socialización digital por tanto necesita elementos comunes de significado para construir así esos “lugares”. En el mundo real la socialización está delimitada en gran parte por espacios físicos, nos relacionamos con nuestros vecinos a quienes percibimos como “iguales” solo por la apariencia de sus casas, automóviles, etc. La discriminación se produce por nosotros y por el entorno, los escenarios virtuales por tanto, nos permitan relacionarnos no por barreras físicas, sino que por significados comunes, rompiendo en parte la exclusión de estos sectores.

Ahora bien podríamos pensar que la sola posibilidad de que los sectores marginales tengan la posibilidad de expresarse y mostrar su realidad e integrarse a otros surjan como positivos, en parte si, pero  es la propia paradoja de aceptación que nos ofrecen los mundos virtuales, mundos sin rostro, por tanto mundos no-humanos, la que nos hacen plantearnos nuevas interrogantes. No obstante, mientras se de esta integración aunque sea de forma virtual, es ya sin dudas un paso inédito dado por estos sectores a lo largo de la historia.

 

 

 

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